El Mundial de 1998 en Francia fue un punto de inflexión para La Albirroja, una selección que había estado en la sombra del fútbol sudamericano durante años. Bajo la dirección de Eduardo Berizzo, el equipo logró una clasificación histórica, asegurando su lugar en la fase de grupos después de un impresionante desempeño en las eliminatorias. Este torneo fue particularmente significativo, ya que fue la primera vez que Paraguay llegó a la fase de eliminación directa en un Mundial.
La fase de grupos presentó grandes desafíos, enfrentando a selecciones como Italia, Bulgaria y Escocia. En su primer partido, La Albirroja mostró un juego sólido, logrando un empate 0-0 contra Italia, un resultado que fue celebrado como un triunfo por la solidez defensiva del equipo. El segundo encuentro contra Bulgaria terminó en una derrota 0-1, pero la victoria sobre Escocia, con un resultado de 3-1, fue la que catapultó a Paraguay a los octavos de final, un logro sin precedentes para el país.
En los octavos de final, La Albirroja se enfrentó a Francia, el país anfitrión y eventual campeón del torneo. A pesar de ser considerados los desfavorecidos, los paraguayos dieron una gran pelea y el partido se mantuvo 0-0 hasta el tiempo extra. Sin embargo, el destino les jugó una mala pasada cuando, en el minuto 113, Marcelo Estigarribia anotó un autogol que puso fin a la ilusión de avanzar. Este momento se convirtió en un símbolo de la lucha de La Albirroja en el torneo.
A pesar de la eliminación, la actuación de La Albirroja en 1998 resonó en todo el país y dejó una profunda huella en la afición. La forma en que el equipo jugó, con una defensa férrea y un espíritu combativo, capturó los corazones de los paraguayos y sentó las bases para futuras generaciones de futbolistas. La participación en este Mundial no solo elevó el perfil del fútbol paraguayo en el escenario mundial, sino que también sembró la semilla de una fuerte identidad nacional a través del deporte.
Hoy, mientras La Albirroja se prepara para el Mundial de 2026, es importante recordar ese viaje épico de 1998 y la manera en que inspiró a un país entero. La selección no solo busca avanzar en el torneo, sino también continuar construyendo sobre ese legado de lucha y determinación que se forjó en Francia.
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